Diez años después de su traslado a Cruz del Norte, Zulema finalmente recuperó su libertad. Había colaborado con la policía en dos importantes casos, logrando así una significativa reducción de su condena. Al salir, esperó el autobús, el mismo que la había llevado a ese lugar tan infame. Pero no fue solo una, sino dos veces las que Wonder Woman la había encerrado tras las rejas.
No había alma en el universo que odiara más a la Diosa que Zulema. Cada vez que veía las noticias, rogaba con fervor para que algún día, alguien, le diera su merecido. Pero Wonder Woman, implacable, siempre salía victoriosa, intocable. Sin embargo, la fortuna había sonreído a Zulema: dentro de su nueva y peculiar red de contactos, lograron desenterrar un grave error cometido por la mismísima Mujer Maravilla.
Tras el rescate de rehenes en el banco, donde se enfrentó a los terroristas, Wonder Woman había usado una fuerza desmedida. Las consecuencias fueron catastróficas: fue acusada de daños masivos a la propiedad del banco e incluso de causar lesiones a varios policías por los escombros de la devastación.
La situación era crítica. Batman, con la seriedad que lo caracterizaba, conversaba con Wonder Woman. Como líder de la Liga de la Justicia, su deber era claro: debía entregarla a la justicia. No había otra opción.
La tensión en la sala era palpable. Accidentalmente, Batman se hizo con el Lazo de la Verdad. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando, para sorpresa y horror de todos, soltó un comentario impropio: "La sacaría esa falda y la pondría a gritar en su Batimóvil". El silencio se cortó solo cuando el lazo cayó al suelo, y un avergonzado Batman se disculpó de inmediato, el rostro cubierto de bochorno.
Wonder Woman, con una estoica dignidad, asumió su culpa. Si ese era el precio que debía pagar por la justicia, lo aceptaba. Pero las sombras de Zulema ya se cernían sobre ella. Sus contactos, eficientes y discretos, hicieron los arreglos necesarios para que la Mujer Maravilla fuese trasladada a la misma cárcel en la que Zulema había estado recluida. Y como si eso no fuera suficiente, los abogados de la fiscalía presentaron aún más cargos, esta vez por el excesivo uso de la fuerza contra los terroristas que había "rescatado".
El tribunal estaba en silencio, pesado. La fiscalía no dio tregua, y la voz del fiscal, cortante como un látigo, resonó en la sala.
"Señorita Prince", comenzó, sin preámbulos. "Hablemos de los 'terroristas'. Esos que, convenientemente para su narrativa, dejaron salpicaduras de sangre bastante grandes en la pared. Esos que, como usted misma admitirá, definitivamente murieron."
Diana, sentada con su dignidad habitual a pesar del peso de las acusaciones, respondió: "Eran una amenaza inminente. Cientos de vidas inocentes estaban en juego."
El fiscal sonrió, una sonrisa fría. "¿Y justifica eso la masacre? ¿Justifica que un héroe, alguien que jura proteger, se convierta en juez, jurado y verdugo en un instante? Si usted, la Mujer Maravilla, la encarnación de la justicia, usa esa fuerza desmedida, ¿qué la diferencia de aquellos a quienes combate? ¿Dónde traza la línea entre la defensa y la aniquilación?"
Diana frunció el ceño. "Mi objetivo siempre fue neutralizar la amenaza con el menor daño colateral posible."
"¿Menor daño, dice?", replicó el fiscal, elevando el tono. "Tenemos informes de daños a la propiedad que ascienden a millones, y lo que es más grave, oficiales de policía heridos por los escombros de su 'neutralización'. Dígame, señorita Prince, ¿es esa la justicia que promueve? ¿Destruir tanto en su afán por 'salvar'? ¿Es el fin tan noble que justifica cualquier medio, por brutal que sea?"
La pregunta colgaba en el aire. Diana buscó las palabras, pero no las encontró. Su mirada se endureció, sus labios se apretaron. ¿Cómo podía explicar, sin sus poderes, la velocidad y la intensidad de un combate a muerte? ¿Cómo justificaba el daño colateral cuando su propia ética le dictaba proteger a todos? Por primera vez en mucho tiempo, la Mujer Maravilla no tuvo una respuesta. No una que el mundo de los mortales entendiera.
La Humillación de Diana Prince
A pesar de los denodados esfuerzos de sus abogados defensores por argumentar que los atacantes eran, en efecto, terroristas, el peso de las pruebas y la implacable retórica del fiscal pesaron más. Finalmente, la condena llegó: un mes y un día de prisión para la Mujer Maravilla, exclusivamente por las lesiones causadas a los oficiales.
Esta condena traía consigo una cláusula humillante: Wonder Woman debía renunciar a sus poderes. Se le obligó a usar unos brazaletes inhibidores que la despojarían de toda su fuerza y habilidades. Solo al salir de prisión podría recuperarlos.
La policía la escoltó de inmediato. El viaje terminó en la prisión, un lugar lúgubre donde sus icónicos brazaletes serían reemplazados, convirtiéndola en una simple mortal. El peligro era inminente y palpable: en esa cárcel, todos la odiaban, incluso los guardias. Mientras la conducían por los pasillos, los guardias no pudieron evitar observar su figura, ahora más vulnerable, enfundada en un vestido rojo muy ajustado, que despertaba la imaginación más oscura de muchos.
El Ingreso al Infierno
El aire de la prisión se volvió denso, casi eléctrico, cuando la noticia se corrió como pólvora por los pasillos: Wonder Woman estaba llegando. Varias mujeres se apiñaron, pegadas a los barrotes, para presenciar el espectáculo. Todas la miraban con una mezcla de morbo y cruda envidia. No llevaba su armadura icónica, sino una réplica barata, de un material diferente, que apenas contenía la imponente figura a la que estaban acostumbradas a ver en las noticias. La gendarme, una mujer corpulenta con una sonrisa cruel, no esperó. La empujó sin miramientos hacia una celda.
"Esta será su habitación, princesa, jajajaja", se burló la gendarme, su risa resonando con una ironía brutal que prometía un infierno personal. El clic del cerrojo selló el destino de Diana.
La Semilla de la Venganza
Nadie, absolutamente nadie en esa prisión, sabía que Wonder Woman estaba despojada de sus poderes, salvo una persona: Zulema. La reclusa, consumida por años de resentimiento, había tejido una red de contactos que le habían susurrado la verdad. Pero antes de enfrentarla directamente, necesitaba confirmarlo. La duda era un veneno que debía erradicar. Por eso, con una astucia digna de su sed de venganza, le pidió a una de sus "amigas" que, en el caótico ambiente del baño, le propinara un golpe a la Mujer Maravilla.
Una semana transcurrió, una agonía lenta para Zulema. Nadie se atrevía a desafiar físicamente a la legendaria heroína; solo se escuchaban amenazas verbales, promesas vacías de lo que harían si pudieran.
El Primer Golpe
La oportunidad llegó durante el almuerzo. Diana, ajena a la conspiración, se disponía a recoger su bandeja cuando, de repente, su comida voló por los aires, esparciéndose por el suelo. Zulema estaba allí, una sombra de malicia en sus ojos. "Hola, Mujer Maravilla. ¿Qué vas a hacer? ¿Me vas a golpear?", preguntó con una burla insolente, bloqueando el paso de Diana. La heroína se giró lentamente, y en ese preciso instante, la amiga de Zulema, que había aparecido de la nada, descargó un fuerte y certero golpe en la boca del estómago de Diana.
El aire escapó de los pulmones de la Mujer Maravilla. Sus rodillas flaquearon, llevándola al suelo con un jadeo ahogado. Zulema sonrió, una sonrisa de triunfo macabro. En ese momento, los guardias llegaron, apresurándose a poner orden. Zulema, sin desviar la mirada de Diana, hizo contacto visual. Su sonrisa se amplió, desafiante, y en sus ojos se leía una confirmación aterradora: era verdad. Wonder Woman no tenía sus poderes. Sus contactos no habían mentido; dentro de un mes, la poderosa amazona sería una simple mortal, vulnerable y a su merced.
Era la hora de su venganza.
El Combate Final: Una Apuesta por la Libertad
Zulema no perdió el tiempo. Con su influencia dentro del oscuro sistema de la prisión, arregló un combate de lucha libre sin descalificación. La apuesta era alta, la más alta que Diana había enfrentado desde que perdió sus poderes. Si Wonder Woman ganaba, saldría en libertad antes del mes. Si perdía, el castigo sería elegido por Zulema. Y su elección, susurrada con escalofriante calma, fue que la Mujer Maravilla fuera trasladada a su celda, amarrada a la pared.
La prisión era famosa por estos espectáculos clandestinos: brutales combates de reclusas con apuestas que corrían libremente entre los pasillos. Este sería el evento principal, la caída de una Diosa.
El Coliseo de la Venganza
El rugido de la multitud de reclusas llenó el improvisado coliseo de la prisión. La atmósfera era un hervidero de expectación. Una voz áspera retumbó por los altavoces: "¡Damas y caballeros, prepárense para la caída de un ídolo! ¡Presentando a la superheroína más odiada entre estas paredes, la mismísima Wonder Woman!" Diana entró al ring, su atuendo de superheroína de material burdo un recordatorio cruel de su vulnerabilidad, pero su mirada, aunque contenida, seguía siendo la de una guerrera. Del lado opuesto, como un rayo de furia, Zulema irrumpió en el cuadrilátero, sus ojos inyectados de años de resentimiento.
"¡Bien, perra! ¡Empecemos de una vez!", gruñó Zulema, sin perder un segundo.
El combate comenzó con una ráfaga de golpes frenéticos, ambas mujeres lanzándose contra las cuerdas, sus cuerpos impactando con la lona. Pero la balanza no tardó en inclinarse. La experiencia en combate de Wonder Woman era de otra liga, años luz por encima de la furia desorganizada de Zulema.
La Lección Implacable de la Amazona
Zulema sangraba por la nariz, la frustración ardía en sus ojos. Corrió hacia Wonder Woman, pero fue arrojada fuera del cuadrilátero con una facilidad alarmante. Zulema reingresó a toda prisa, solo para ser recibida por una patada en el abdomen que la dobló. Diana la enganchó y le aplicó un suplex demoledor, la levantó y le propinó otro, y otro, hasta completar una serie de cinco suplex consecutivos que hicieron temblar el ring. El público abucheó, rabioso por la humillación.
Zulema se puso de pie con dificultad, un grito de pura rabia escapó de su garganta. Empujó a Wonder Woman contra las cuerdas, descargando una lluvia de puñetazos en sus costillas, pero Diana se cubrió con sus brazos, inquebrantable. Cuando Zulema se agotó, Wonder Woman invirtió las posiciones, acorralándola contra las cuerdas. Dos puñetazos certeros al abdomen obligaron a Zulema a cubrirse, dejando su rostro expuesto. Diana remató con dos golpes limpios en la cara, y Zulema, tambaleándose, avanzó sujetándose de las cuerdas. Dos low kicks finales la hicieron caer de bruces.
El odio se reflejó en los ojos de Zulema al levantarse, lanzándose en una tacleada desesperada. Pero Wonder Woman, con reflejos de amazona, la tomó de un brazo y le asestó tres rodillazos implacables en las costillas. Se impulsó contra las cuerdas y le propinó un rodillazo final a la cabeza, dejándola fuera de combate. Diana se inclinó, cubriéndola, y el conteo comenzó: "¡Uno! ¡Dos! ¡Y...!" Zulema, apenas, logró mover un brazo, interrumpiendo la cuenta.
Zulema lo intentaba una y otra vez, pero era inútil. Las habilidades de Wonder Woman eran insuperables. Entrenada en múltiples sistemas de combate, sin sus poderes, seguía siendo una fuerza igual de poderosa, una maestra de la lucha cuerpo a cuerpo.
El Golpe Bajo: Venganza de Zulema
Más de diez agotadores minutos habían pasado. Zulema estaba exhausta, respirando con dificultad, cada movimiento una tortura. Wonder Woman, en contraste, se mantenía en excelentes condiciones, ni una gota de sudor en su frente, su concentración inquebrantable. Zulema, arrastrándose por la lona, apenas visible para los demás, hizo una señal desesperada a sus amigas.
Diana la tomó del cabello y la arrojó brutalmente contra las cuerdas. Zulema corrió, intentando una patada desesperada a la Mujer Maravilla. Pero Diana se agachó con agilidad y la golpeó con el antebrazo en la cara, derribándola. La llevó a la esquina, y allí, simplemente, comenzó a golpearla sin piedad, un aluvión de puñetazos sin parar.
Pero en ese instante, una de las amigas de Zulema entró al ring. Sin que Wonder Woman lo notara, deslizó un fierro de cama muy delgado bajo sus piernas. Para cuando Diana se dio cuenta, era demasiado tarde. Ambas, Zulema y su aliada, levantaron el objeto con violencia, impactando directamente en la entrepierna de la Mujer Maravilla.
"¡HAAAAAAAAAAAAAA!", un grito de puro dolor desgarró el aire de la prisión. Diana se encorvó, aferrándose a las cuerdas, mientras otra amiga de Zulema irrumpía en el ring y pateaba la barra de metal que aún estaba entre sus piernas, triplicando la agonía. Wonder Woman cayó al ring con la boca abierta, el dolor paralizándola.
"¿Te dolió, amazona?", siseó Zulema, su voz llena de un odio visceral. "Tan perfecta y poderosa, ¿eh? ¡Es hora de que te arrastres!" Y en ese instante, las tres reclusas comenzaron a patear el cuerpo de Diana con la punta de sus pies, una y otra vez. La Mujer Maravilla se retorcía, cada impacto una humillación, un eco del dolor que Zulema había sentido por años.
El Dominio de Zulema: Una Lucha Brutal
El grito de Diana resonó en el coliseo improvisado, ahogado por los abucheos y vítores salvajes de las reclusas. Las patadas, afiladas como cuchillos, continuaron su asalto sin piedad. Zulema, con una sonrisa de pura satisfacción, le arrebató el fierro de cama a sus cómplices. "¡Esto es por cada noche que lloré en tu infierno, amazona!", rugió, y con una fuerza insospechada, descargó el metal una y otra vez sobre el cuerpo inerte de Wonder Woman, buscando las articulaciones, los puntos blandos, cada impacto un martillazo sordo que hacía eco en la arena. No contenta con eso, la levantó a duras penas y, con la ayuda de sus amigas, la arrojó contra la esquina del ring, golpeando su cabeza contra el poste acolchado. "¡No eres más que carne y hueso ahora, perra!", escupió, y con una coordinación brutal, mientras una amiga la sujetaba, Zulema le aplicó un "DDT" improvisado y devastador sobre la lona, haciendo que la cabeza de Diana rebotara con un sonido seco. El público enloqueció. La Mujer Maravilla, la invencible, estaba a merced de su odiada enemiga, arrastrándose, humillada, bajo el brutal dominio de Zulema.
El Verdadero Test de la Armadura
Zulema mantenía un control absoluto, una depredadora saboreando cada instante de su venganza. Sus ojos se fijaron en el icónico traje de Wonder Woman, aquel peto dorado que en las películas brillaba como una armadura invencible. "¿La armadura sirve de algo?", siseó Zulema, dirigiéndose al público sediento de sangre. "No lo sé, al parecer es un simple traje". Una de sus secuaces corroboró: "¡Claro que no! ¡Parece que su peto es de metal! ¡Hay que probarlo!".
Con una brutalidad escalofriante, Zulema alzó el fierro de cama. El primer golpe impactó en el pecho de Diana, un sonido sordo que resonó en el coliseo. Luego, sin piedad, un segundo golpe. En cámara lenta, las reclusas y el propio público pudieron ver con mórbida fascinación cómo el peto metálico se deformaba bajo el impacto, cediendo sobre los hermosos pechos de la amazona. Wonder Woman se retorció en la lona, un gemido de puro dolor escapando de sus labios, el aliento atrapado en sus pulmones.
El Castigo Continúa
No le dieron tregua. La levantaron sin miramientos, jalándola por el cabello, mientras otras dos la sujetaban firmemente por los brazos, inmovilizándola para el castigo. Zulema se acercó, sus ojos ardiendo de rencor, y comenzó a golpear el rostro de Diana. Más de diecinueve golpes certeros, cada puñetazo resonando, destrozando el labio de la heroína. La sangre brotó, manchando su rostro, y sus costillas, ya maltratadas, recibían una y otra vez el impacto de los puños de Zulema.
Finalmente, las dos cómplices de Zulema saltaron del ring, dejando a Wonder Woman sola, apenas consciente, en medio del cuadrilátero. Zulema, con una sonrisa de victoria, ascendió a la tercera cuerda. Se tomó un momento, saboreando el instante, y luego se lanzó con un codazo brutal que impactó directamente en el abdomen de la Mujer Maravilla. Diana se dobló, retorciéndose. Zulema le tomó una de sus piernas, y el árbitro improvisado comenzó la cuenta: "¡Uno! ¡Dos!". Pero en un último acto de resistencia, Wonder Woman logró levantar un brazo, interrumpiendo el conteo.
Armas en el Ring
La furia de Zulema era palpable. Sus amigas, desde fuera del ring, comenzaron a lanzar objetos contundentes al cuadrilátero: una gruesa cadena, un palo de kendo, una silla plegable, incluso una pala. El arsenal de la prisión se desplegaba. Zulema, con una mirada calculadora, recogió la silla, su peso familiar en sus manos. Esperó, impaciente, a que Wonder Woman intentara reincorporarse, sabiendo que la masacre estaba lejos de terminar.
Con un esfuerzo sobrehumano, Wonder Woman logró ponerse de pie, tambaleándose. Pero Zulema ya la esperaba, su rostro desfigurado por el odio. En un movimiento rápido y brutal, le rodeó el cuello con la gruesa cadena, dándole otra vuelta y tirando con fuerza mientras avanzaba hacia el esquinero. Al no poder amarrarla sola, le gritó a una de sus cómplices: "¡Sujétala! ¡Tiren fuerte, muy fuerte!". Las dos mujeres jalaron con todas sus fuerzas, tensando la cadena alrededor de la garganta de Diana. "¡Aquí nos pagarás todo lo que nos debes, perra maravilla!", siseó Zulema, su voz llena de rencor acumulado por años.
Zulema subió al esquinero, contemplando a la Mujer Maravilla. Los brazos de Diana, levantados para sujetar la cadena, dejaron su sensual cuerpo al descubierto por primera vez en años, expuesto y vulnerable. Zulema había esperado este momento: quebrar a la Mujer Maravilla con sus propias manos. Con una silla, y utilizando el filo de esta, comenzó a golpear repetidamente sus abdominales. Los gritos ahogados de Wonder Woman, cada impacto una puñalada de dolor, eran silenciados por la cadena que la asfixiaba.
La Tortura de la Amazona
Zulema no había terminado. Dejó la silla y tomó el palo de Kendo, un arma afilada y flexible. Con una sonrisa perversa, recorrió el cuerpo de la amazona, empezando por sus piernas, subiendo por su falda, abdomen, pechos y finalmente, su rostro. Cada golpe era un chasquido, una humillación física y mental.
"¿Tienes miedo, Mujer Maravilla?", preguntó Zulema con una voz burlona.
"¡NO!", respondió Diana, un grito ahogado de desafío.
"¡Pues deberías!", replicó Zulema, y con una punzada brutal y repentina, hundió el mango del palo de Kendo en el diafragma de Diana, deformando su cuerpo con el impacto. "¡Vaya, ese cuerpo tan fuerte y perfecto! Para mí es como una bolsa de gelatina. ¡Seré tu peor recuerdo, Mujer Maravilla!". Le repitió el castigo, justo cuando Diana, con desesperación, intentaba recuperar el aliento. Sus cómplices apretaron aún más la cadena, estirando su abdomen, y Zulema asestó otro brutal golpe en el diafragma. La estiraron de nuevo, y otro impacto. La sensación de dolor era indescriptible, agónica, impidiéndole respirar, dejándola sin aire.
Estaban torturándola frente a un público enloquecido, todas las reclusas emocionadas con el espectáculo. Wonder Woman no tenía escapatoria, atrapada, despojada de su poder y a la merced de sus verdugos.
El Suplicio de la Amazona
Wonder Woman no lograba liberarse. Las agresoras solo la soltaron cuando se cansaron de la lluvia de golpes, dejándola hecha un ovillo en la lona. "¡Levántate, perra maravilla!", le gritaban las reclusas, su hostilidad palpable en el aire. Zulema, sin una pizca de remordimiento, se peinó una y otra vez, descansando apenas unos segundos, su sonrisa macabra iluminando el odio en sus ojos.
Con un tirón brutal del cabello de Diana, Zulema le propinó un rodillazo directo en los pechos. Wonder Woman, con un esfuerzo agónico, logró detener el tercer impacto y empujó a Zulema contra las cuerdas. Su agresora levantó la bota para golpearle la cara, pero Diana esquivó por poco. Zulema volvió a la carga, lanzando un rodillazo abdominal que esta vez sí impactó de lleno en el diafragma de Diana, dejándola sin aire y nuevamente en el suelo.
La Escalada de la Brutalidad
Diana intentó arrastrarse hacia las cuerdas, su cuerpo dolía con cada movimiento. Zulema, implacable, tomó una pala y se paró sobre ella, dejando caer el filo metálico de la pala en la espalda de Wonder Woman. La estaba lastimando, buscando una lesión permanente. Diana, con el último aliento de su fuerza, logró llegar a las cuerdas y lanzó una patada frontal que impactó directamente en la nariz de Zulema. La agresora giró sobre sí misma, y con la pala, le asestó un golpe brutal en la cara. Wonder Woman no cayó, se aferró a las cuerdas, pero Zulema no cesaba, atacándola sin descanso. Diana se protegía con sus antebrazos hasta que la acorraló en el esquinero. El último golpe con la pala fue esquivado por Diana, quien aprovechó para tomar el arma, acercar a Zulema y propinarle un fuerte codazo en un ojo.
¡Era la ventaja que Wonder Woman había estado esperando! Ahora solo necesitaba rematar y asegurar el conteo. Saltó, y le asestó un feroz rodillazo en la cara a Zulema, quien cayó desplomada, fuera de sí. Diana se inclinó para el conteo: "¡Uno! ¡Dos! Y...".
El Horror se Desata
¡Pero no! De la nada, dos mujeres tomaron las botas de Wonder Woman, tirando de ella con una fuerza brutal. ¡Oh, no! Una pierna a cada lado del esquinero, y tironearon con una coordinación infernal para que la Mujer Maravilla se lastimara en la entrepierna contra el metal del ring. "¡¡¡¡HOOOOOO!!!!", un grito de dolor inimaginable escapó de los labios de Diana. Se arrastró desesperadamente para liberar sus piernas, pero cuatro mujeres, dos a cada lado, atraparon sus extremidades y traccionaron con la fuerza combinada de diez mujeres, casi desarmando el ring con la brutalidad del impacto. La Mujer Maravilla gritó, desesperada, el dolor rebasando todos sus límites. Zulema, recuperándose de su propio ataque, se arrastró hasta ella y la tomó salvajemente del cabello, su sonrisa de triunfo reflejándose en los ojos de la amazona.
Wonder Woman, agotada, humillada, parecía no poder hacer nada. Zulema, viendo su oportunidad de poner fin al suplicio y saborear la victoria definitiva, tomó carrera. Su plan era simple y brutal: una lanza humana que partiría a la amazona en dos contra las rejas. Corrió a toda velocidad, un vendaval de odio, apuntando directamente al cuerpo inmóvil de Diana.
Pero en el último milisegundo, cuando el impacto parecía inevitable, Wonder Woman, con un esfuerzo desesperado y un último resquicio de su legendaria agilidad, se deslizó a un lado de la reja. Zulema no pudo detenerse. Su cabeza, con toda la fuerza de su embestida, se estrelló violentamente contra el frío metal. Un sonido espantoso llenó el aire, y la sangre brotó a chorros, tiñendo el suelo de rojo mientras Zulema se desplomaba, inconsciente.
El público, que un segundo antes había estado clamando por la caída de la amazona, se quedó en un silencio atónito. Wonder Woman, con el cuerpo magullado y sangrante, se arrastró de regreso al ring. Con cada fibra de su ser gritándole que se rindiera, se aferró a las cuerdas y, con un esfuerzo épico, se subió a la tercera cuerda, su silueta dolorida recortándose contra las luces tenues de la prisión. La humillación había encendido una chispa final.
Wonder Woman, con la adrenalina nublando el dolor, ejecutó un salto desesperado, elevándose en el aire para caer sobre Zulema con un ataque final. Era su última oportunidad. Pero la ventaja, tan duramente ganada, se desvaneció en un instante cruel. Las amigas de Zulema actuaron con precisión milimétrica, retirando a su líder del camino justo cuando Diana descendía. Macarena Ferreiro, una de las reclusas más imponentes, esperaba a Wonder Woman con un bate de béisbol. El brutal impacto resonó en todo el coliseo, un sonido seco y espantoso que heló la sangre de muchos: ¡Huuu! Eso sonó como un hueso fracturado.
El cuerpo de Diana se dobló en el aire, el impacto la dejó sin aliento, aterrizando de forma inerte en la lona. Macarena dejó caer el bate con desprecio. "Ahí es donde perteneces, perra", siseó, su voz cargada de un odio visceral. "En el suelo". El árbitro, un guardia corrupto y complaciente, se dio la vuelta, haciendo vista gorda a la brutalidad que se desarrollaba ante sus ojos.
El Despertar de la Furia
Zulema, aturdida y con la cabeza sangrando, comenzó a reincorporarse lentamente. Su mirada vacilaba, sus ojos apenas enfocando. "¿Dónde está...?", murmuró, su voz ronca por el impacto. Al ver a Wonder Woman tambaleándose, a punto de caer, la furia hirvió en sus venas. No soportaba la idea de que la amazona la hubiera lastimado. Con un grito gutural, Zulema sacó de la manga una pequeña cuchilla de fabricación carcelaria y, en un acto desesperado de ira, apuñaló a Wonder Woman en el costado dos veces. Las heridas no eran profundas, más un acto de rabia descontrolada que un ataque letal.
La Estampida de Odio
La Mujer Maravilla cayó al suelo, escupiendo sangre, el dolor de la cuchillada sumándose al castigo previo. Pero el horror no había terminado. Las demás mujeres, viendo a su ícono caído y vulnerable, aprovecharon la oportunidad. Como una estampida salvaje, se abalanzaron sobre ella, pisoteándola sin piedad como si fuera un animal. Luego, formaron un círculo macabro alrededor de su cuerpo retorciéndose y se turnaron para patearla, cada golpe una expresión del odio acumulado contra la "princesa" que ahora se arrastraba en el polvo.

El Asalto Final de los Guardias
El sonido de las sirenas y los gritos de los guardias se acercaron, rompiendo la euforia brutal del coliseo improvisado. Irrumpieron en el ring, donde una docena de mujeres pisoteaban sin piedad el cuerpo inerte de Wonder Woman. Al verla en el suelo, maltrecha y sangrando, los guardias dudaron solo un segundo. No era un rescate; era una oportunidad única. Cada uno, con sus botas de punta de fierro, le propinó una patada brutal en el cuerpo, haciéndola escupir sangre una vez más. Con ese último y cobarde ataque enmascarado, ordenaron a las demás reclusas que bajaran del ring, limpiando la escena de su complicidad.
La Última Descarga de Zulema
Zulema, mareada por la pérdida de sangre y el impacto en su cabeza, se apoyaba en la esquina, su odio más fuerte que el dolor. Y fue entonces, antes de que la inconsciencia la reclamara, que descargó toda la ira que aún le quedaba. Tomó una silla y comenzó a golpear a Wonder Woman una y otra y otra vez, sin piedad, cada impacto una liberación de años de rencor. "¡Levántate, perra maravilla!", gritó, su voz apenas un hilo, deseando verla de pie una última vez, para saborear el final de la gran Mujer Maravilla.
El Contraataque Agónico y Sensual
Dos minutos de agonía transcurrieron. Wonder Woman, con cada fibra de su ser gritándole que se rindiera, comenzó a ponerse de pie lenta y dolorosamente. Cada músculo le ardía, cada respiro era una punzada. Zulema, herida y exhausta en la esquina, la esperó. Era una pausa impuesta por el agotamiento mutuo, un momento de silencio roto solo por la respiración entrecortada de ambas. Zulema alzó la silla para un golpe final, un último acto de humillación. Pero justo cuando el metal se cernía sobre ella, Wonder Woman, con una fuerza y una sensualidad única, levantó una pierna en un arco poderoso. El impacto fue brutal: Zulema se golpeó la cabeza una vez más, la sangre brotando con violencia renovada. ¡Fue un brutal contraataque de Wonder Woman!
La Agonía Final de la Amazona
Zulema se desplomó en la lona, una masa inerte. Wonder Woman, con el cuerpo magullado y la respiración entrecortada, analizó la situación. No veía a las cómplices de Zulema cerca del perímetro del ring. Era su oportunidad. Se acercó a su enemiga y le aplicó una llave de rendición, esperando la inevitable sumisión. Zulema no se rindió, pero tras unos segundos, pareció perder la conciencia. Diana la soltó para no matarla, revisó su pulso… y para su sorpresa, Zulema solo estaba fingiendo.
Con una velocidad espeluznante, Zulema sacó una manopla y asestó un golpe brutal en la sien de Diana. La Mujer Maravilla cayó como muerta en el ring, un quejido escapando de sus labios. Intentó enfocar su mirada en Zulema, pero veía doble, el mundo giraba a su alrededor. Retrocedió y, con la ayuda del esquinero, logró ponerse de pie. Zulema se abalanzó, lanzando un golpe directo a la cara. Wonder Woman se cubrió el rostro, pero el impacto nunca llegó; era un amague. Sin embargo, el verdadero ataque fue un golpe devastador con la manopla justo en las costillas, bajo un seno. Diana se retorció de dolor, soltando un gemido agudo y sensual.
Zulema fue a lastimarla una vez más, pero Wonder Woman, con un instinto de supervivencia, logró proteger sus costillas. Fue entonces cuando el golpe engañoso de la manopla fue directo a la mandíbula. Sus brazos quedaron atrapados en las cuerdas, solo por esa razón no cayó al suelo. Zulema no perdió el tiempo y la desarmó a golpes. Era una manopla de fierro que rompía sus fibras musculares y lastimaba más de una costilla. Wonder Woman se quejaba de dolor, no podía creerlo. Caminaba por las orillas de la cuerda, casi a punto de caer, su respiración era agitada, gemía silenciosamente. La manopla, sin piedad, arremetió bajo su falda, haciéndola saltar antes de caer a cuerpo muerto sobre la lona.
¡¡¡¡HOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!
El coliseo estalló. Fue brutal. Wonder Woman había superado el umbral del dolor, pero a qué costo. Zulema la acomodó en el ring a punta de patadas, preparando el final.
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La Humillación Final
El cuerpo de Wonder Woman era ahora solo una marioneta rota, una pelota de fútbol para el deleite de Zulema. La reclusa, con una satisfacción sádica, colocó su tacón con fuerza sobre el pecho de Diana, presionando hasta que la amazona casi convulsionó. Zulema sonrió, una mueca victoriosa, y aumentó la presión, comenzando una cuenta lenta y humillante. "Uno... dos...", murmuró, antes de retirar la bota. "Te tengo, perra. Eres mía." Wonder Woman solo podía gemir de dolor, inmóvil, su cuerpo traicionado por el agotamiento y el castigo.
Zulema se alzó sobre la esquina del ring, brazos en alto, celebrando su victoria inminente. Pero en un último y desesperado aliento, un último esfuerzo agónico, Wonder Woman se levantó, tambaleándose. Se lanzó hacia Zulema y, con sus últimas fuerzas, la azotó contra la lona.
El Giro Cruel del Destino
Diana lo pensó: era ahora o nunca. Con una determinación que rozaba lo suicida, subió a la tercera cuerda y saltó, descargando un tremendo codazo sobre el cuerpo de Zulema, quien yacía inmóvil. Wonder Woman avanzó hacia ella, pero estaban demasiado cerca de las cuerdas. La arrastró con dificultad al centro del ring. Al girarse para buscar al árbitro, la tragedia se cernió sobre ella. El árbitro, agachado detrás de ella, la esperaba con una manopla. Sin un segundo de duda, golpeó a Diana en la entrepierna con una fuerza brutal que le impidió incluso gritar de dolor. Luego, con una vileza inaudita, le abrazó un muslo y le propinó tres golpes contundentes y despiadados entre sus piernas, dejándola fuera de combate, desmayada por la agonía.
El árbitro arrastró el cuerpo inerte de Wonder Woman, ya inconsciente, para colocarlo al lado de Zulema. El público estalló en vítores, celebrando la victoria. Zulema, apenas consciente, con la vista nublada, logró levantar un brazo y lo colocó sobre el pecho de la Mujer Maravilla.
"¡Uno! ¡Dos! ¡Y... tres!"
El veredicto resonó en la prisión: "¡La ganadora es Zulema Zahir!" Los guardias la levantaron de inmediato y la llevaron a la sala médica, mientras Wonder Woman yacía en medio del ring, su traje destrozado. La sangre manchaba un costado por las cuchilladas de Macarena, y una costilla fracturada era solo una de las muchas lesiones que ahora marcaban a la antaño invencible amazona.
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Las Consecuencias de la Derrota: Un Tratamiento Especial
La apuesta se había perdido. Wonder Woman había caído, no por falta de habilidad, sino por las despiadadas reglas de la cárcel. Los guardias solicitaron que fuera atendida rápidamente. Sus heridas, complicadas y graves, no debían dejar rastro visible cuando saliera. Por ello, se tomó una decisión: la sedarían y, en un acto que contravenía las reglas, le quitarían los brazaletes inhibidores para intervenirla. El plan resultó: sus lesiones dejaron de ser graves, su cuerpo sanó con la asombrosa velocidad que solo sus poderes podían otorgar. Pero antes de que despertara, los brazaletes fueron colocados de nuevo, y una ducha helada la devolvió a la cruel realidad.
Apenas consciente, Diana se dio cuenta de su derrota. La llevaron, amarrada y humillada, hasta la celda de Zulema para hacer efectiva la recompensa.
La Nueva Prisión de la Amazona
La dejaron en un rincón, arrojada sin miramientos. "Esta heroína sí que es perezosa", comentó uno de los guardias con sorna. "¿Y qué crees que hará Zulema con ella?". Su compañero rió. "No lo sé, supongo que nada bueno. Si esto tuviera cortinas, podríamos hacer algo delicioso con esta hembra. ¡Solo mira sus labios!". Con un atrevimiento asqueroso, el guardia tomó la cabeza de Wonder Woman y pasó sus labios rozando su pantalón. "Wow", exclamó. "Creo que vendré a visitarte de vez en cuando".
"¡Bien, hora de despertar, dulzura!", gritaron, empujándola brutalmente contra la pared y aplicándole una descarga de electroshock. Diana despertó en el suelo, asustada, sin comprender lo que sucedía. "Te diremos qué ocurre, preciosura. Pasarás el resto de tus días en esta celda. Así es, no hay más camas, así que dormirás amarrada a la pared. Era parte del trato. Descuida, te traeremos la comida. Me encargaré de que tengas algo que meter en tu boca". Se rieron frente a ella, regodeándose en su poder.
La pusieron de pie a la fuerza y la amarraron en un rincón de la celda. La ubicación era incómoda, brutal: su espalda quedaba expuesta contra la reja, vulnerable a las demás reclusas que pasaran por el pasillo, y justo frente a su enemiga, Zulema.
El Horror de la Celda
La desesperación de Wonder Woman crecía con cada segundo. Intentaba liberar sus brazos, pero los amarres eran inquebrantables. Esta no era una prisión común; era la peor, un lugar donde las reglas ilegales reinaban y la justicia estaba comprada, algo que la propia Diana ya intuía. Los gritos de obscenidades la acompañaron mientras los guardias se retiraban de la celda. El último, al despedirse, deslizó su mano por la reja para tocar sus glúteos y masajearla por debajo de la falda. "Bien, me verás seguido por aquí... o más bien me sentirás, jajajaja", se burló, su risa resonando mientras la puerta se cerraba, sellándola en la oscuridad y el frío.
La noche fue una tortura. Amarrada a la pared de la celda de Zulema, Wonder Woman pasó la fría noche, su cuerpo magullado y su espíritu, por primera vez, al borde de la desesperación.
Got it. Aquí tienes el texto ajustado, más corto, con el doble de golpes y esos impactos adicionales que pediste, manteniendo el tono brutal:
La oscuridad de la celda envolvía a Diana, amarrada a la pared. Zulema se sentó frente a ella, lista para liberar años de rencor.
"¿Sabes, amazona?", comenzó Zulema, su voz un susurro cargado de veneno. "¿Alguna vez pensaste en las consecuencias de tus actos? ¿En la gente como yo, que atrapas sin piedad? Cuando me encerraste por ese robo, ¿crees que fue por vicio? ¡No! ¡Mis hijos tenían hambre! La sociedad me excluyó, me dejó sin opciones. ¡Y ustedes, los 'héroes', solo aparecen para golpearnos y encerrarnos! ¡No somos 'malas personas'! ¡Solo tenemos necesidades en un mundo que nos niega todo!"
Un puñetazo seco impactó en el abdomen de Diana, haciéndola jadear.
"¿Alguna vez te preguntaste por qué robamos, por qué luchamos, por qué sobrevivimos a nuestra manera?", continuó Zulema, su voz elevándose. "¡Ustedes no lo entienden! Viven en sus torres de cristal, mientras la miseria que pudre nuestras vidas la ignoran. ¡No les importa si mis hijos comen! ¡Solo les importa atrapar al 'malo' para su reportaje!"
Otro golpe brutal en la mandíbula de Diana, su cabeza se ladeó contra la reja. Luego, un puñetazo directo en su pecho derecho, seguido de otro, y otro más, haciendo que Diana tosa sangre.
"¡Me robaste diez años de mi vida! ¡Diez años de ver crecer a mis hijos desde rejas! ¿Y por qué? ¿Por un puñado de billetes que apenas me alcanzaban?" Zulema escupió al suelo. "¡Pagarás por cada lágrima, por cada noche de encierro!"
Con la voz rota por la ira, se lanzó contra Diana. Sus manos buscaron más que solo golpear. La tomó del cabello y estrelló repetidamente la cabeza de Wonder Woman contra el metal frío de la reja, cada impacto resonando en la celda. De repente, su mano bajó, un golpe sorpresivo y brutal entre las piernas de Diana. La amazona se estremeció. Zulema no esperó, y otro impacto, aún más fuerte, en el mismo lugar, arrancó un gemido inaudible de Diana, su cuerpo colapsando contra los amarres. "¡Pagarás por cada injusticia que tu estúpida 'heroicidad' me causó!", gritó Zulema.
Zulema cobra por Wonderwoman, pueden llevarla a sus celdas para pasar un momento de placer.

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De todos los fanfic, este es de los que mas he disfrutado, sobretodo tomando en cuenta que Zulema es una auténtica HDP, por algo es de mis villanas favoritas. Aunque personalmente le agregaría un poco mas de narrativa, la idea base está bastante bien, y no dudo que Zulema actuaría de la misma manera...
ResponderEliminarSe que suena muy caprichoso con esto de los fanfics, pero si puedes hacer uno de Kyo Kusanagi (KOF) vs Holly Holm (UFC), también te lo agradecería...
Me interesaría mejorar la historia con un poco mas de narrativa si gustas me puedes dar algunos argumentos para complementar en nowsawyer@gmail.com
EliminarTe pase algunas imágenes y algunas breves ideas en la cuenta de VK, checalo directamente en la sección de Messenger...
Eliminarlas fotos finales encajan con la historia
ResponderEliminarGRACIAS! es la idea
Eliminaroye tengo yo tambien mi blog..
ResponderEliminarhttps://erotictalesshhw.blogspot.com/2023/09/first-post-halle-barry.html